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JULIO ROSALES

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GENEALOGÍA SIGLO X I X
LUISA A. GIL de ROSALES 1896 - 1986

L A     F I E S T A     D E     L A     J U V E N T U D

 Vibró como un arpegio. Fue un vibrante arpegio de regocijo e ilusión que se difundía por las calles, bajo el crepuscular encanto de la tarde, como se difunde un soplo sonoro en el cauce del metal del instrumento. Arpegio hecho de ilusión y regocijo, de plétora juvenil y honda alegría de vida, en medio del risueño crepúsculo, con ocasión de un súbito arribo glorioso. Tratábase del poeta. Del bardo excelso que, en su cubil de una ciudad granadina, vigorizó con el acero de sus rebeldías la sangre de la raza, y embriagó la fantasía con el tierno vino de sus delirios, servido en perdurable copa de estrofas. Del poeta de “arpa ruidosa y de helada frente pensativa.”

Al desembarcar, en el repleto andén comenzó la entusiasta ovación que duró después toda la tarde.

El andén rebosaba en multitud.   Y en medio de la multitud un delirante adolescente – Luis Correa – llevó la palabra en delicadas frases rumorosas.  Flores fue llevado en abundante apiñamiento y atronado de víctores al coche donde la juventud lo sustrajo –para ofrendarlo- a los poetas y a la multitud.     Y en medio de  la bohemia juvenil, y seguido de la bohemia, iba el poeta: Julio Flores.    Así fue todo Caracas. A la espalda del suyo seguía el numeroso cortejo de coches de estudiantes, pensadores y poetas en agraz. Atronando las calles con el simpático y fragante nombre del bardo colombiano

¡Fue la fiesta de la juventud!  

Al bajar, en la futura mansión de Flores, otro delirante Julio H. Rosales - por universitaria aclamación, desgranó sentimentales frases. Julio Flores se expresó, emocionado y trémulo, en halagüeños deseos para Venezuela. A lo cual excitó a vitorear a “todo pulmón. 

Y sobre el eco de tal vítor resonó el de Colombia como un abrazo impalpable y simbólico de las dos naciones, levantado por los estudiantes en jubilante retribución. 

Tuvo también amables conceptos para la juventud reunida, la cual le sugirió una risueña frase fraternal: “Quisiera tener brazos tan largos para abrazarlos a todos”. El inspirado bardo cumanés Bruzual López dijo sus sentimientos en brillantes períodos, con exquisita ternura desbordante. Y el discípulo del gran poeta – Juan Duzán – cerró la ovación con el más fúlgido diamante lírico, fue un chispeante aljófar sacudido sobre un pétalo de las azucenas de la ofrenda.

 

¡Poeta triunfador, se bienvenido!

En cada corazón  tienen un nido

Tu estrofa melancólica, tu verso;

 Tu numén todo el orbe a recorrido

  Y es tu patria inmortal el universo.

Fue la fiesta de la juventud consumada antes que la fiesta de los poetas, porque las azucenas más fragantes y cándidas debían partir de la más cándida juventud, para perfumar el comienzo de la vía. Porque era a la juventud, que todavía se embriagaba con los versos del proscrito, a quien tocaba eguinaldar esa abrazada frente con el más puro frescor. La juventud que es la verdadera poesía. Venid ahora oh, Poetas! a estrechar a nuestro amigo, poetas que ya habéis sentido en vuestros nervios algo de vértigo de la gloria.  Venid oh, Poetas! pero asemejándoos un tanto a la blandura de la juventud, porque el bardo está lacerado, y haced vuestra fiesta ¡poetas!

 

 

(2° publicación de JULIO ROSALES

que apareció en el semanario LA LIRA

de Caracas el 6 de mayo de 1905)

 

 

 

 

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