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JULIO ROSALES

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LUISA A. GIL de ROSALES 1896 - 1986

Nació en la Parroquia Catedral de Caracas, entre las esquinas de Coliseo a Salvador de León el 14 de febrero de 1885. Para esa época, la población de Caracas alcanzaba a escasos 32.000 habitantes y era Presidente ‑dictador de los Estados Unidos de Venezuela desde 1870 hasta 1888 "El Ilustre Americano" Antonio Guzmán Blanco. En los siguientes 4 años hubo 6 presidentes hasta llegar a Joaquín Crespo desde 1892 hasta 1898 cuando fue asesinado.

 

En 1899 comienza la dictadura de Cipriano Castro "El Restaurador o "El Cabito" hasta 1909 cuando lo reemplaza el dictador Juan Vicente Gómez, apodado "El Benemérito" o "El Bagre" hasta 1935.

 

Julio Horacio comenzó su instrucción primaria en Caracas, en las escuelas mixtas regentadas por doña Salomé Torres y doña Octavia Cocking. Recibió la Primera Comunión el 19 de marzo de 1897 y continuó su instrucción primaria en el "Liceo Bolívar.

 

Sobre su vivienda y sus primeros años, Julio Horacio dejó escrito "vivienda de luenga extensión, bastante holgada para el corto número de ocupantes, por lo que me habitué a vivir en cierto enrarecimiento o soledad, disfrutaba de los juegos pueriles sin compañía alguna, salvo excepcionales ocasiones. El vasto solar de mi casa, campo de mi desarrollo infantil, estaba sembrado de jardín y poblado de árboles frutales de varias especies. Él impuso a mi ser tierno la vida de infante solitario; y este recoletismo forzado, a la postre se hizo grato a mi naturaleza... Por entonces mi existencia se agitaba con la única preocupación de trepar por el tronco de los árboles, saltando de horcadura en horcadura, con habilidad y regocijo. En mordisquear, con voluble golosina, ora la pulpa de las guayabas, pálidas o de rosa por dentro; ora la carne velluda y arrebolada de los duraznos, ora en desgranar en las fauces el joyero entreabierto de las granadas, coronado, como una arquilla principesca, por el balaustre estrellado; ora en saborear el globiso de las pomarrosas de suave cáscara como costra de pan tierno, dulce y odorante, o la epidermis rozagante de las pomagaces de agridulce y astringente sabor. (De Alma Desnuda. Inédito)"

 

Cursó bachillerato en el Colegio Aveledo, y obtuvo el grado de Bachiller después de rendir examen en la Universidad Central de Caracas el 9 de julio de 1902 a sus 17 años.

 

En 1906 su padre compra, por la cantidad de cuatro mil doscientos bolívares, la casa número 17 en la Calle Este 12, entre las esquinas de Santa Rosalía y El Hoyo, donde Julio Horacio va a vivir hasta 1958 con excepción de los períodos en los cuales trabajó y se radicó en Los Teques, Estado Miranda (1927/1936) y en San Juan de los Morros, Estado Guarico (1937/1939). Dicho inmueble fue el único activo que dejó en herencia a su viuda e hijos en 1970 el cual todavía hoy (2005) permanece en propiedad de sus descendientes.

 


Su producción literaria, bajo el nombre de Julio Rosales, la comenzó antes de cumplir los veinte años. Su primera publicación fue en el semanario "La Lira" con los versos "Cargadoras de Agua" poema premiado con el 1' lugar en concurso literario en 1905. En el mismo año, la revista El Cojo Ilustrado publicó 'A Unos Años Juveniles". "El Cojo Ilustrado" publicó 16 de sus obras literarias hasta 1914.

 

En 1909 en compañía de Henrique Soublette, Salustio González Rincones, Julio Planchart y Rómulo Gallegos, fundaron la revista "La Alborada", Julio Rosales declaró: "La habíamos fundado para hablar de arte y de literatura, pero el clima de motines diarios no podíamos tenerlo a nuestra espalda. Bajo aquel clima La Alborada se olvidó de la literatura y entró en la política criticando el medio en que vivíamos."

 

Julio Horacio Rosales cursó y obtuvo en 1911 el título de 'Doctor en Ciencias Políticas" en la Ilustre Universidad Central de Caracas.

 

En diciembre de 1914 contrajo matrimonio en Caracas con doña Luisa Antonia Gil Parra (hija de Francisco Antonio Gil Palacio y de doña Soledad Parra Echeverría de Gil Palacio) con descendencia: 12 hijos, 39 nietos, 52 bisnietos para la presente fecha.

 

En 1915 la Corte Suprema del Distrito Federal le confirió el Título de "Abogado de la República".

Su actividad profesional comenzó en 1911. Primero en Caracas (1911/1924): Juez de Parroquia y luego en Los Teques, Capital del Estado Miranda (1927/1937).

 

Julio Horacio escribió: “nueve años había estado en Los Teques, ciudad en la cual vivió en permanente contacto con la naturaleza; San Pedro, Carrizales, Pan de Azúcar, el Cerro de la Cruz. El Parque, Zenda, la Quebrada de la Virgen, los Alpes y Las Canales, fueron sitios de visita diaria como metas para caminar y admirar la naturaleza. A veces solo. Otras acompañado de entrañables amigos; quienes disfrutaban exquisitamente de la conversación amena y sencilla, pero llena de toda la humanidad de quien, en vida, fue Julio Rosales. Sus hijos: Julia Luisa, Flora y Adriano nacieron en Los Teques; y su madre, doña Julia Echeverría Antich, viuda de Rosales, falleció en Los Teques el 29 de noviembre del 1931".

 

Posteriormente actuó profesionalmente en diferentes cargos en los Estados Guárico y Aragua y a partir de 1942 en el Distrito Federal como Juez 1' de Primera Instancia en lo penal y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia" de los "Estados Unidos de Venezuela" donde permaneció hasta 1948 cuando presentó su renuncia por escrito a la Magistratura.

Como Juez Penal actuó firme, enérgico, apegado a las leyes pero con dignidad y justicia.

 

 En una oportunidad, una joven estudiante de bachillerato debió ser condenada por ser la causante de un accidente de tránsito con daños y lesiones graves a tercero.

 

El doctor Rosales la sentenció y le envió a cumplir su castigo como alumna interna de un colegio con el cual había convenido previamente dicha permanencia con la Madre Superiora Directora del plantel.

 

Pasa el doctor Rosales a una separación voluntaria de toda actividad pública y profesional y se dedicó a escribir, corregir sus obras inéditas y a sus dos aficiones favoritas desde la juventud: la fotografía y la carpintería. Fue excelente fotógrafo familiar y mantuvo permanente aprendizaje de las técnicas de la época.

 

En 1951 se embarca en el primero de los dos viajes que hizo a Europa, a los 66 años va a visitar a Italia, país de su preferencia por lo que significó para su educación y formación profesional.

En forma autodidacta, en su juventud aprendió a leer francés y hablar y escribir el italiano, leyó y tradujo, para su uso personal, segmentos de la Divina Comedia de "Dante Alighieri" y de otros autores de quienes aprendió lo bello del idioma. Todo impreso, papel o correspondencia, en ese idioma, era recibido por el doctor Rosales con infinito interés, se avocaba a practicar su pronunciación y llegó a conocer y utilizar palabras, frases y expresiones que asombraban a inmigrantes italianos que llegaban a Venezuela después de la primera guerra mundial y con quienes siempre departía y practicaba el idioma.

 

Se enamoró de Roma, conocía de su historia, de sus monumentos y castillos, de sus calles, de sus plazas, de sus ruinas, de los artistas que construyeron y embellecieron la Ciudad Eterna. Cuando llegó por primera vez a Roma, sus guías no le creían que era la primera visita que realizaba a esa ciudad, a ese país. Su pasión e interés por Roma lo demostró muchos años antes de visitarla, en su juventud, quería tenerla cerca, y así lo hizo: la recordaba cada vez que llamaba u oía llamar a alguno de sus hijos: Julio ‑el primer César; Cecilia ‑la noble romana mártir y santa, patrona de la música y de los ciegos; Horacio ‑la victoria de los hermanos Horacios impulsó la supremacía y el destino de Roma; y otro, el poeta, fue segundo solo a Virgilio; Beatriz ‑la musa, la estrella‑guía y gran amor del más grande poeta italiano: Dante Alighieri; Flavio ‑Dinastía de Césares que empezó con Vespasiano (el Anfiteatro o Coliseo para los menos conocedores); Julia ‑nombre de varias princesas romanas‑, Flora ‑diosa romana de las flores‑, Adriano ‑tercer César de la Dinastía Antonina, además 6 "Papas" romanos llevaron ese nombre; Aurea ‑de origen latino significa que brilla como el oro; y Augusto ‑Título Honorífico que el primer emperador Julio César se asignó y su sucesor, su sobrino e hijo adoptivo, Octavio, adoptó en reemplazo del suyo

 

 


En 1958 es solicitada su incorporación, y es nombrado nuevamente Magistrado como Vocal de la Corte de Casación". Su retiro voluntario terminó, habían pasado 10 años: había caído el dictador.

 

Fue nombrado Vicepresidente (1959) y Presidente (1960) de la Corte de Casación y fue designado por unanimidad "Orador de Orden" en el acto solemne de Instalación de la Corte Suprema de Justicia" (creada por la constitución promulgada el 23 de enero de 1961) realizado en el Paraninfo del Palacio de las Academias el 20 de febrero de 1961 y del cual tomamos el siguiente fragmento "el mayor número de los presidentes de la república que he conocido a mis años ‑ y la historia reanuda los restantes bajo esquema más o menos parecido ‑ fueron hombres de incipiente preparación para la ciencia de gobernar, pero de ambiciones desmesuradas en lo privado. En ocasiones suplieron la versación indispensable al oficio con aparato de teatralería barata, hasta cursi‑, y el raciocinio con la malicia. Fuera de algunos doctores de la universidad, carentes de escrúpulos para hacer figura airosa en el curul, campesinos y soldados que no abrigaron el patriótico desinterés de un Cincínato, ni el espíritu de sacrificio y entereza de un Africano. Antes, por el contrario, adueñaron egolatría hiperbólica, impropia para cumplir con provechosos resultados el encargo que se encontraba entre sus manos improvisadas. Lo único destacado con que señalaron sus actos fueron, sin duda, la arbitrariedad y la crueldad, tan exageradas como las de los césares romanos."

 

En 1961 le fue conferida la "Orden del Libertador en el grado de "Gran Cordón". Fue elegido individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua" correspondiente de la Academia Española de la Lengua, para ocupar el "Sillón Letra C" vacante por el fallecimiento del académico Don Mario Briceño Iragorri. Se recibió en sesión solemne el 23 de junio de 1963.

 

En su oración académica para la oportunidad de incorporarse dijo: "La sola razón que encuentro para que me hayáis admitido, no sin largueza, ¡honorables académicos! es mi amor al léxico. Mi inclinación vocacional hacia la limpieza y propiedad de su uso. Amo el idioma de mi raza con tal ingenuidad, y esto desde mis años más tiernos, que con el propósito intencionado de hallarme en íntimo comercio y constante juego con los vocablos de mi habla, le di en la flor de escribir, apenas al comenzar a desbrozar el breve manual de gramática castellana que se nos hacía leer en la cátedra de instrucción primaria. Tal sucede a todo apasionado: ansía estar, sin tregua, en contacto con el objeto de su amor. Me ensaye, digo, en escribir, como quien ingeniase un pretexto para andar con las palabras entre manos; como el lapidario en ciernes atraído por la morbosidad visual de manosear las piedras y deleitarse con sus colores y reflejos."

 

En sesión extraordinaria (1963) la Corte Suprema de Justicia, en sala plena, le hizo entrega de un pergamino contentivo de Acuerdo del Cuerpo con motivo de la jubilación concedida al Magistrado Dr. Rosales.

 

Libre de ataduras profesionales, de nuevo se dedicó a sus libros. Gracias a la iniciativa, dedicación y colaboración de muchas personas (que sería prolijo enumerar ahora) la Universidad Central de Venezuela lo hizo inmensamente feliz: 53 años después de recibir el título de Doctor en Ciencias Políticas, la Dirección de Cultura de la UCV publicó, en 1964, una recopilación de 26 de sus cuentos bajo el título de "Panal de Cuentos" y luego, en 1966, su recién terminado ensayo "El Cojo Ilustrado" Un Misionero de Cultura.

 

Sus últimos años los vivió en Puerto Cabello, acompañado de su esposa, en casa de su hija Beatriz en donde recibió sus amorosos cuidados y la atención médica profesional de su hijo político el Dr. Carlos Páez Maya y de sus colegas. El 4 de febrero de 1970, diez días antes de cumplir 85 años de edad, falleció Julio Rosales.

 

Su rigurosa austeridad económica, aprendida como consecuencia de haber sido toda su vida empleado de la Administración Pública (con ingresos económicos menguados y sin aceptar tipo alguno de prebendas, ni agradecimientos, ni negocios) y su austeridad por el compromiso económico con la manutención, educación y gastos de vida de una larga prole; así como su moral y honorabilidad ejemplar por la educación recibida de sus padres y por convicción personal, facilitaron a nuestra madre, su viuda, Luisa Antonia, tomar la decisión, sin ninguna duda, para no aceptar el ofrecimiento de honores póstumos de entes oficiales.

 

Su féretro ‑el del último "Alborado"‑ salió de la residencia de su hija Cecilia, en Caracas, hacia el panteón familiar en el Cementerio General del Sur.

 

Antes de su exhumación, el poeta Carlos Augusto León, por su propia iniciativa, en breves, sentidas y emocionadas palabras: "para decirle adiós al amigo" "con la pausada melancolía de la nave en el horizonte vespertino" (Ramos Sucre) y "para celebrar haberlo conocido, para reiterarle mi afecto. Saludo a Julio Rosales en su llegada a la inmortalidad."

 

                               Así le dimos despedida final.

 

                   Despedida No es Olvido, Te Recordamos

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